
- Aunque es esencial que te laves la piel (ayuda a eliminar el exceso de grasa superficial y las células muertas que pueden bloquear los poros), si te la lavas mucho puedes dañarla al secarla excesivamente o irritar el acné existente.
- Como regla general, lávate la piel dos veces al día con jabón suave y agua. Evita los limpiadores fuertes a base de alcohol y limpiadores que contengan aceite y usa las manos en lugar de un paño de toalla. No te restriegues la piel y sécatela siempre con palmaditas usando una toalla limpia.
Si usas productos para la piel, como lociones o maquillaje, busca los que sean no comedogénicos o no acnegénicos, lo que significa que no bloquean los poros.
Y qué sucede con los granos que ya tienes? Es una tentación, pero usualmente reventar o apretar los granos no eliminará el problema. Apretar los granos puede diseminar el material infectado y el pus en la piel, lo que puede causar más hinchazón, enrojecimiento e incluso formación de cicatrices.
En general, el acné disminuye con el tiempo, aunque a algunos adultos les continúan brotando granos. Muchos adolescentes eligen consultar a un médico para obtener tratamiento profesional. Esto podría involucrar geles o cremas, píldoras recetadas o una combinación de ambos. Hablar sobre tu acné con otra persona, especialmente con una persona extraña, podría hacerte sentir incómodo o avergonzado, pero tu médico está capacitado para ayudar a hacer que tu piel luzca lo mejor posible.
- Aun si el acné desaparece, debes terminar toda tu prescripción a menos que el dermatólogo te diga que puedes dejar de usarla. Si dejas de usarla prematuramente, existe la posibilidad de que tu piel se vuelva a llenar de granos.
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